EL DESPERTAR APARECIÓ EN LA PARADA DEL BUS

A veces me ocurre que tengo dificultades con el tiempo del reloj. Si a ello le unimos el desorden que en partes de nuestra organización social impera (tipo transportes públicos, p.e) las esperas están servidas. Fue en una de éstas que hace poco me encontré largo rato esperando en una parada de autobús del pueblo donde vivo…

Un bus paró justo delante de donde yo estaba y de él se bajó un hombre, entre otras personas. Yo observaba lo que ocurría desde un estado un tanto catatónico, es decir, sin estar presente. Pero lo que hizo el hombre me ayudó sin duda, a Despertar: Sin mediar palabra, dedicó una patada tipo karateca a uno de los jóvenes arbolitos que en toda la calle están…sentí inmediatamente dolor en el interior de mi cuerpo, casi como si esa patada la hubiera recibido yo misma.

En parte ese dolor, era real…a veces puedo captar en mi interior lo que los humanos desde nuestra inconsciencia hemos causado y causamos, y puedo percibir claramente el intenso sufrimiento que por ello nos acompaña…por otra parte, percibí también como el drama comenzaba a subir, igual como hace la leche cuando hierve demasiado… rápidamente algo me iluminó y decidí entrar en relación con el árbol, ésto es, elevar al máximo posible el nivel de atención y posarla en la medida que pudiera, parte en el movimiento del interior de mi cuerpo y parte en la observación y percepción de la energía del árbol. Pude observar el zarandeo del árbol tras la patada que todavía duró unos instantes…también observaba mis pensamientos y juicios hacia esa persona y la violencia que ello generaba en mi…seguí observando al árbol, entrando cada vez más en relación con él…al cabo de unos minutos percibí su intensa quietud, paz y presencia. Mi interior no estaba igual, seguía habiendo movimiento denso y pensamiento…y llego el vislumbre: comprendí que para el árbol, lo ocurrido ya había pasado, y el momento presente ya no albergaba ningún problema. Había atravesado la experiencia desde la más pura y absoluta presencia: se había dolido cuando dolía, se había dejado zarandear cuando zarandeaba y cuando todo ésto pasó, se había quedado en la paz de la que en realidad, no había salido en ningún momento…Una pregunta llegó a mi mente repentinamente y decía algo así: pero, todavía llevas lo sucedido encima?

Encontrándome con Michael Roads y su enseñanza, bien podría decir que fue el árbol el que me habló…