El propósito evolutivo 1/3

Algunos ya investigábamos el desarrollo del propósito antes de que Laloux nos hiciera el gran favor de escribir su libro «reinventando las organizaciones». En éste, donde se da cabida al concepto «Teal» para describir un nuevo estilo de crear empresa, se considera al propósito como uno de los 3 pilares fundamentales sin el cual una empresa no se puede llamar TeaL. A partir de ahí el propósito como idea se puso de moda y se comenzó a hablar sobre él. En los últimos meses (e incluso semanas) el interés sobre ésto se está intensificando. Hasta las escuelas de negocio (con estructuras en su mayoría muy convencionales) se han apuntado al movimiento y ya incluyen en sus programas la palabra o el enfoque.

Esto está muy bien y es lógico. Estamos en una evolución natural, indispensable y obligatoria para cualquier organización formada por personas con un proyecto común. Pero frecuentemente se pretende abordar este tema de forma superficial, como la mayoría de empresas todavía hoy abordan sus problemas y dificultades. Desde ese abordaje no será posible experimentar el enorme potencial que tiene acceder al propósito evolutivo de la compañía. Sólo se conseguirá un poco lo de siempre, lo que se consiguió también con aquellos manidos «visión- misión-valores»: escribir bonitas palabras, manifiestos en un papel (ahora digital). Es un comienzo, cierto. Pero si no se profundiza se queda en eso, en un intento.

Durante estos años como consultora TeaL he investigado sobre el alcance que tiene acceder al verdadero propósito evolutivo. Me fascina este desarrollo. El potencial que despliega si se trabaja de manera auténtica por parte de la empresa es impresionante. Y es que en realidad, sin propósito no hay vida en una organización.

Porque el propósito no tiene nada que ver con el o los objetivos. Estos se refieren a lo que se pretende alcanzar, donde se quiere llegar. El propósito apunta a quien es en esencia la compañía. Qué la mueve, para qué hace lo que hace, cuál es su aportación al mundo, qué sentido tiene que exista. No tiene nada que ver una cosa con la otra.

En esta relación de 3 post que me propongo escribir soy consciente del desafío: cómo podría acercarte como huele una rosa, el sabor de un limón o qué ocurre cuando sumerges tu cuerpo en agua fría. Con pericia como mucho acertaré en la descripción de lo que puede llegar a ser la experiencia. Pero como tantas otras cosas en la vida sin experimentarlo por tí mism@ no será posible comprender de qué se trata.

Porque el descubrimiento del propósito sólo puede darse a través del sentir.

Si sabemos que lo que genera el impulso de la compra en el cliente es el sentir; si sabemos que es el amor el motor más importante del mundo; si sabemos que aquellos clientes que nos aman son la garantía de fidelidad y éxito; si sabemos que los sentimientos son lo que en realidad nos mueven: como es posible que hoy en día en las empresas todavía no nos paremos a escuchar el sentir? No os parece que no tiene la mínima lógica ésto?

Para alcanzar a definir el propósito, como primeros pasos y como ejemplo, hay que pararse a sentir:

Qué ha hecho la compañía hasta este momento (si es que tiene ya un recorrido en el mundo). Cómo ha hecho lo que ha hecho, cual es su identidad. Qué productos o servicios ha diseñado, como ha evolucionado su propuesta, que tipo de personas ha contratado, con qué personas se ha asociado, como ha evolucionado el equipo humano (o como no lo ha hecho).

Dibujar la línea de la vida de la compañía. Sentir sus hitos, sus fracasos, los momentos de inflexión, el abordaje de las dificultades. Es fascinante toda la información que aparece de tu propia empresa cuando te paras a escuchar. Formando parte de ella, incluso habiéndola fundado, si no te has parado a escucharla hay muchas cosas que no sabes sobre ella.

Por que la empresa, organización o compañía es mucho más que el equipo humano que trabaja para ella. Es un sistema con vida propia, que incluye a los clientes, territorios, proveedores, materiales, productos, herramientas, comunicación, cuentas bancarias, todo tipo de emociones (ilusiones, decepciones, alegrías, conflictos, etc). Es una entidad que tiene unas coordenadas en el mundo y que está en continuo movimiento. Incluso cuando todos duermen la empresa sigue funcionando.

Es una creación con vida propia, que es más que la suma de sus partes. Y que si lo hacemos bien nos sobrevivirá, podremos dejar un legado a través de ella (y no sólo económico, claro está). Imagino que eso es lo que queremos todos. Puedes entrever el potencial que tiene?

Cuando comienzas a percatarte de la lógica de esta perspectiva muuucho más amplia de lo que es tu organización, es cuando estás situado en el punto 0 para escuchar, descubrir y desarrollar cuál es su propósito. Te apetece el viaje?

Próximas entregas:

El propósito global 2/3

El propósito particular 3/3