DESPEDIR A UN SER QUERIDO

Hace tiempo ya que cuidarle, se había convertido para mí en una experiencia preciosa. Nada me pesaba. Ver como poco a poco se iba apagando, y ya no podía, por ejemplo, lavarse, o hacer sus necesidades…lejos de ser una carga lo que ello me despertaba era mucha Presencia y Amor. No me costaba dárselo. Ha sido uno de los seres que más he querido en mi vida.

Ese cuidarle iba dejando paso a una ternura, a una delicadeza, a un sentir ese Amor suavemente…y ambos nos íbamos dejando caer ahí, en un estado de rendición saludable, es decir, ese estar con lo que hay, sin añadir más pensamiento de ninguna clase. He disfrutado de esta etapa de cuidarle, mucho. Y ese disfrute abría a menudo un estado de Paz sin palabras, de Silencio, de Amor.

Se marchó definitivamente esta pasada semana. El vacío que dejó ya fue otra historia. Se me marchó la Presencia, se me marchó el Amor. Me encontré con el dolor de frente, intenso. Viendo como los pensamientos lo alimentaban y lo convertían en sufrimiento. Manteniendo al pensamiento a raya, se quedaba en dolor. Ni rastro de la Paz, ni rastro del disfrute. Ni rastro del Amor. El egoísmo de estar sin él se apoderó de todo, sin darme opciones. Que intenso se presenta, ante la muerte, el ego. Él entiende que si no sufro, no le quería. Y ahí, no te deja tregua. Y si por un momento, descansas, vuelve a la carga con todo su arsenal, haciéndote sentir culpable. La vi (a la culpa) hasta en el momento en el que tenía hambre y la comida me pareció rica. Que locura.

Ahora, días después, poco a poco, estoy volviendo a la Vida. Vuelvo al entendimiento. Vuelvo a no sentirme de-sola-da, a sentirme acompañada, a sentir a la Presencia. Vuelvo a comprender que puedo seguir disfrutando, sonriendo ante el recuerdo de lo vivido con Nanu, agradeciendo a la vida toda esta experiencia. Vuelvo a sentir el Amor, solamente. Y en ello estoy.

Mi querido amigo, mi mascota, mi hijo peludo, mi amor…gracias por ser tan vital, tan participativo, tan inteligente, tan listo, tan sinvergüenza. Siempre nos invitaste a participar en tu vida activamente, no quedaba otra. Gracias por habernos amado tanto y habernos, siempre, mostrado tu absoluta confianza y entrega hacia nosotros. Gracias por demostrarnos lo que es la verdadera Presencia ante la enfermedad. Gracias por tu maestría ante la vida y hasta siempre