PEPE, DALE LA PAPILLA AL CONFLICTO

Nuestra mente humana está repleta de conflicto, continuamente. Como sociedad, tenemos conflictos en lo político, social, en la sanidad, la educación, la relación de género, en la economía a todos los niveles, en la relación entre países, entre territorios, con la inmigración, con el medio ambiente, con los animales, con la alimentación, etc, etc. Ya más en el terreno personal, tenemos conflictos con el jefe, los compañeros o el trabajo del día a día, con la economía de nuevo, con la pareja, con los hijos, con los padres, con los hermanos, con los amigos, con el vecino, con el proveedor, con el que se me cruza en la rotonda, con la compañía de seguros, con el perro de enfrente…uf!

Ya sé que no todos tenemos conflicto con todo. Aunque hay algunas personas que sí, la mayoría tenemos conflictos con algunos temas y otros no. Entiéndase aquí el conflicto como cualquier sensación, pensamiento o emoción que me implique algún nivel de sufrimiento (desde el más leve malestar hasta la impotencia más iracunda) y que me conduzca hacia un diálogo interior en el cual sólo encuentro crítica, juicio y razonamientos, pero no soluciones, creatividad o paz. Esa es la característica del conflicto, en sí mismo y por sí mismo no nos ofrece nunca ninguna solución. Es conflicto, y su energía es ésa, no hay más. Si observamos nuestros pensamientos con detenimiento, veremos que más o menos el 75% de lo que pensamos (y estoy siendo optimista, creo) proviene y/o alimenta el conflicto.

Lo más curioso de la cuestión, o que a mí me llama la atención cada vez más, es nuestra nula intención, en muchos casos, de salir del conflicto. Decimos que sí, que no queremos estar ahí. Y vamos a terapia y a talleres y leemos libros, o nos contamos lo buenos que somos y la poca culpa que tenemos sobre lo que nos sucede. Pero no es verdad. Os confieso que para reconocer ésto en mí, ha sido necesario y lo sigue siendo, seguir un camino de profunda honestidad para conmigo misma. Y tras ello, ahora estoy preparada para reconocerlo abiertamente: somos, casi todos, completamente adictos al conflicto.

Desde el punto de vista científico (que bien que la física cuántica apoye a los investigadores anónimos de la Consciencia) ya lo explica al detalle la magnífica película “Y tú que sabes?”. Nuestra bioquímica necesita de todas esas sustancias que el conflicto en nuestra mente (siempre se origina ahí, donde si no?), genera en nuestro cuerpo. O vamos a pensar que estar en la pelea, genera el mismo tipo de sustancias a nivel cerebral, hormonal, etc, que estar en la satisfacción y tranquilidad? Desde todos los puntos de vista, esto es imposible. Estar en conflicto, genera sustancias físicas de conflicto. Esas sustancias, a su vez, obviamente, alimentan el conflicto, ya que sólo están hechas de ello. Y aquí podríamos apoyarnos también en la brillante aportación que Eckhart Tolle nos hizo al respecto, con su concepto del “cuerpo dolor”. Otra forma de explicarnos ésto mismo.

Pero todas estas evidencias, puro sentido común como siempre nos aporta la Consciencia, no sirven para nada si yo no decido libre y abiertamente dejar de alimentar el conflicto. Si yo no quiero hacerme cargo de mi adicción mental y biológica, para así liberarme de ella (como en cualquier otra adicción). Si yo sigo haciendo caso a todos los super-argumentos y más allá, que me cuento y cuento a los otros para justificar que en ese conflicto, en ese en concreto, la razón la tengo yo. Pues bien, felicidades. Fíjate en tu razón, fíjate en el alimento que te proporciona, y sobretodo fíjate por cuanto tiempo esa razón te conduce a tener menos conflictos o a ser más Feliz.

Lo veo en sesión muy a menudo. Lo veo en mi mente mucho más a menudo que lo que desearía. Lo veo en el telediario, en los periódicos. Pepe, dale la papilla al niño! Se convierte en Pepe, dale la papilla al conflicto!. Y lo decimos constantemente, en silencio, casi sin que se note, pero es lo que hacemos: ordenar a nuestra mente seguir alimentando ese camino, y no cualquier otra alternativa.

Porqué sí, y aquí están las buenas noticias, existe, real y claramente, otra alternativa. La tenemos justo delante, al lado del conflicto, ahí está, en Silencio, esperando pacientemente a ser escogida, a ser mirada, a ser reconocida, a ser explorada. Pero de nada sirve hablar de ella, si mi opción clara, ahora mismo en este instante, no es decidirme por ella. Por tanto, hoy, aquí queda mi escrito. El primer paso, el más importante, es dejar de ordenarle a Pepe, que siga alimentando el conflicto. El resto, por fortuna, viene solo.

Muchas gracias a todos

😉