A JU-Z-GAAAR!!!

Los que sean de mi quinta (yo también fuí a EGB) recordarán un concurso en el cual el mítico Joaquín Prat usaba esta expresión que hoy rescato para el título de este post. Con gran dosis de ironía si me permiten y añadiéndole una letra más éso sí. Porque cuando observo como actúa y funciona el juzgar en nuestra sociedad, bien me parece como si estuviéramos jugando a un deporte multitudinario, muy popular, tan extendido en general, que precisamente por tratarse así, carece de reflexión, se sume en la total inconsciencia y lo que es peor, nos parece la mar de normal y hasta nos divierte.

Por tanto hoy propongo a través de estas letras reflexionar sobre lo que es juzgar. Como avanzaba, al ser algo tan generalizado y “normal”, aventuro que este post sea bien raro para muchos. Es como si todos nosotros viéramos el mundo de color verde, porqué nuestra pigmentación ocular sólo permitiera ver el color verde. Al ver todos todo del mismo color, creeríamos sin dudarlo que el mundo es verde. Pero el mundo seguiría teniendo toda su variedad de colores, sólo que nosotros no lo diferenciaríamos. El problema sería que creeríamos que la verdad es la nuestra y que por tanto el mundo es verde y punto. Pero éso no tendría nada que ver con la realidad…

Entonces, que significa emitir un juicio sobre algo o alguien que se me planta delante? Adonde me lleva? Para qué me sirve?  Que sensación me deja? Que aporta a la situación o persona que recibe el juicio? Nos paramos a pensarlo un momento? Vamos pregunta a pregunta, si les parece bien…

Que significa emitir un juicio sobre algo o alguien que se me planta delante?

Si observamos, para poder juzgar a alguien o algo lo primero que tengo que hacer es pensar. Pensar en lo que veo y ver qué me parece. Pero claro, éso que a mi me parece, usa el almacén de mis creencias, educación, cultura, ideales, principios, experiencias que yo haya tenido en referencia a ese tema en concreto, etc. Todo un almacén de creencias y emociones asociadas a ellas se pone en marcha en mi mente y en mi cuerpo cuando me dispongo a juzgar. Es de perogrullo. Porqué si yo no tuviera ningún criterio previo sobre éso que estoy viendo, si yo por ejemplo no usara mi pasado para emitir una opinión sobre éso, si yo pudiera colocarme en un lugar previamente limpio, sin ideas ya almacenadas, como lo haría un niño o un animalico, como podría juzgar? No sería posible…y que mirada entonces aportaría a esa situación o persona? Podemos imaginarlo?

Adonde me lleva?

Es curioso, porqué nos encanta juzgar. Juzgamos todo el tiempo y a todo el mundo, personas, situaciones, ideas, proyectos… Hay programas bastantes programas de televisión que no hacen otra cosa que juzgar, todo el tiempo. Disfrazado, éso sí, de opiniones o puntos de vista. Con las razones de cada uno encima de la mesa, nos vamos exaltando más y más reafirmándonos a cada rato en que “tengo la razón yo”. Buscamos la reafirmación de nuestra razón también en los demás “pero, no lo ves?”. Creamos grupos y bandas que nos reafirmen también colectivamente esos juicios. Que nos aporta pues? Parece algo importante…Nos paramos a percibirlo?

Para qué me sirve?

Bueno, aquí la invitación va a ser simplemente, mirar alrededor, a la sociedad en la que vivimos y su funcionamiento. Siendo una comunidad que invierte gran parte de su tiempo en juzgar al vecino y sus circunstancias, o a juzgarnos a nosotros mismos y nuestras acciones, en el reflejo de como nos va veremos el resultado de esta manera de movernos mentalmente.

Lo lógico y sensato sería que al ser algo en lo que invertimos tantísimas horas a lo largo del día, nos sirviera para lo que tanto necesitamos: entendernos mejor cuando nos hablamos, pacificar las situaciones, resolver conflictos, aprender a relacionarnos, funcionar mejor como sociedad en definitiva. No sé a vosotros pero a mí, esa sensación no es la que me da, el lugar donde vivo.

Que sensación me deja?

Recuerdo, en un seminario de Presencia con Marina, que durante un día entero estuvimos observando la aparición del juicio en nuestra mente. Fué muy revelador. Pese a que era muy consciente de que no me interesaba juzgar ni a mis compañeros ni a la situación, el juicio aparecía, por cualquier cosa, en cualquier momento. Era como si tuviera vida propia. Y encontrarme en ese estado de observación me facilitó ver el rastro que dejaba en mi cuerpo: opresión en el pecho, tensión en el estómago, movimiento interior del cuerpo alterado. No, me quedo claro que no. Juzgar nunca me llevará a sentirme en Paz. De hecho es la principal herramienta anti-paz. No me creas por favor. Obsérvalo dentro de tu cuerpo, obsérvalo en tu psique. Mira la sensación que te deja…

Que aporta a la situación o persona que recibe el juicio?

El otro día una persona me contaba como estaba recibiendo el juicio popular de casi todos los que la rodeaban al decidir separarse de su pareja…cuando me lo describía me venía la imagen, como si esta persona estuviera en un escenario, y todas las personas cercanas, mirando la escena y opinando sobre lo que veían entre ellas…Tremendo, me parece. Amigos y amigas le llamaban por teléfono para decirle que se estaba equivocando, dando por sentado que sus ideas y opiniones al respecto eran lo mejor que podían aportar a esa persona…

Como podemos saber, verdadera y profundamente, cual es el mejor camino para alguien? Como podemos atrevernos a creer que en nuestra manera de pensar, condicionada completamente por nuestros miedos y vivencias, está lo cierto? Como podemos osar a creer que sabemos que una persona se está equivocando?

Juzgar no es ningún juego inocuo que no nos haga ningún daño. Juzgar duele y produce dolor al prójimo. Cuando juzgamos, en silencio o en público, no estamos aportando nada bueno, ni a nosotros mismos ni a los demás. Quizás sintamos un reconocimiento temporal, muy efímero, ese que nos proporciona “tener la razón”. Pero por poco que nos paremos a mirarlo, veremos que éso no alimenta al corazón, más bien al contrario. Que no me acerca a las personas, si no que me aleja. Que juzgar a alguien “por su bien”, no tiene que ver con amar a alguien. Que el amor y el juicio no son compatibles. Que uno procede del corazón y el otro de la mente. Y que, ciertamente, voy a ver el reflejo del juicio en mi cara y en mi cuerpo a poco que me deje verlo y a poco que esté dispuesta o dispuesto a reconocerlo.

Señoras y señores, a jugar más y a juzgar menos!