EL SILENCIO QUE SOY

Para una buena parte de nuestra sociedad, aunque en descenso, el Silencio no tiene buena prensa. A menudo implica incomodidad, aburrimiento, incomprensión, o malas noticias.

Por ejemplo, estar callado o mantenerse en Silencio a menudo conlleva que los que te rodean piensen que te ocurre algo “malo” o que eres “raro”. O que hay algo que no te atreves o no quieres compartir: “estás muy callada o callado, te pasa algo?”…o es sinónimo de aburrimiento: “uf, que aburridos estáis hoy, nadie explica nada!”…o esos silencios a los que se les ha puesto hasta adjetivo, acusándolos de “incómodos”. Se entiende que son aquellos que se dan entre las personas cuando están conversando y alguien de repente deja de emitir sonidos por su boca.

No se concibe que esos Silencios puedan ser, por ejemplo, momentos de reflexión interior. O espacios para re-encontrarse con una profunda respiración. O para parar un momento y percibir lo que estamos sintiendo. Para percibir lugares internos que, normalmente, si estamos presos de la verborrea incesante, olvidamos con facilidad. 

Es difícil respetar el Silencio en cualquier lugar que haya un grupo de personas reunidas, enseguida la incomodidad se hace presente y alguien dice: “estamos muy callados hoy, eh?”. Y de nuevo rompemos el silencio de forma compulsiva, a veces yo percibo, que casi por obligación. Para que no parezca qué se yo…

También tenemos, todos, otra versión del Silencio. Cuando vamos a hacernos un masaje de cualquier tipo sabemos que es importante estar en Silencio para relajarnos, por ejemplo. Hay momentos y lugares en los que el Silencio es más que adecuado. En según que conciertos de según qué música. Cuando estamos ante cualquier mirador contemplando un paisaje. Una vez encontré una sauna empapelada de carteles que decían “para garantizar el relax de los usuarios, por favor, guarden silencio” Alguien debía haberlo añorado y pedía a los demás que lo guardaran…

El otro día una señora me decía que ya no había pájaros en las ciudades, que ella no los oía cantar. Yo le compartía mi experiencia, en la cual si “guardo Silencio”suelo hallarlos. Ellos son unos seres que tienen la particularidad de relacionarse con el Silencio sin temerlo, respetándolo, entrando ambos en perfecta armonía. Y por tanto nos demuestran, que el Silencio no siempre quiere decir ausencia total de sonidos. Quiere decir más bien abrirse a la experiencia de escuchar el Silencio que siempre rodea cualquier sonido. Y permitir que palabras , sonidos y silencio, comiencen a bailar fluidamente.

Probad la experiencia, escuchad el canto de esta golondrina y a su vez, escuchad el Silencio por el que se deja acompañar. Cuando le contaba esta percepción a la señora, ella me confesaba que con razón, entonces, no los oía: “yo tengo una casa de 2 plantas (me contaba) y nada más llegar enciendo las 2 teles de las 2 plantas. No sé, me hacen compañía. No las veo ni escucho lo que dicen, pero me resulta imposible estar sin ellas. Me volvería loca yo en Silencio! “. Entiendo perfectamente lo que esta señora me cuenta, sé de lo que me habla…pero…qué nos ha pasado? me pregunto a su vez…

Hay momentos en las vidas de todos en los que tan sólo deseamos la compañía del Silencio. Momentos en los que las palabras pierden todo sentido, momentos de ésos que yo a veces llamo “de la verdad”. Momentos de pérdida de seres queridos, por ejemplo. Instantes en los que las palabras sobran, por no poder aportar, verdaderamente, nada. Por ser vacías ante lo que estamos sintiendo o acompañando. El problema suele ser que, de nuevo, ese Silencio nos parece triste. Que no concebimos que no tener que decir pueda abrir paso a un lugar en el que sencillamente sentir la calidad del instante que nos acoge. La grandeza que se manifiesta cuando dos o más personas estamos juntas y nos acompañamos amorosamente. No hay manera de experimentar ésto sin el Silencio. Porqué bajo la perspectiva que sigo investigando, encuentro que Amor y Silencio, son la misma cosa.

Y es que hay una dimensión del Silencio que la gran mayoría de humanos no conocemos en su magnitud. Y por tanto nos resulta muy difícil darle el lugar que le corresponde. El lugar de nuestro verdadero origen, antes de ser humanos. El lugar desde el que venimos antes de nacer y hacia el que vamos después de morir. Ese que también llaman, entre otros muchos nombres, el Alma.

No es es difícil comprobar como, si te entregas al Silencio, éste te acoge, te acuna, te envuelve, te Ama. A veces les digo a las personas: cierra los ojos y respira el silencio, déjalo entrar en ti. No tienes que hacer nada más. Él hace el resto. Y el consuelo llega de manera inmediata y profunda. En cualquier persona. Me dicen: “se está bien”…

Siento y veo que no podemos seguir viviendo a espaldas del Silencio que somos verdaderamente por mucho más tiempo. Nos enloquece cada vez a mayor velocidad y ello conlleva que el nivel de sufrimiento aumente por todas partes. Ponernos ante el Silencio y descubrir lo que nos aguarda es una de las formas más efectivas para conocer como salir de la rueda del sufrimiento. Sin análisis mentales de lo que me ocurre. Sin pensar ni discurrir de donde viene lo que me pasa y cual es el pasado que me trajo hasta aquí. Sin hacer ni pretender nada, la comprensión llega y ocurre. Es tan sencillo a la vez que complicado…según desde el lugar desde donde se mire, como decía el refrán…

Me encanta como se describe a sí misma Yolande Duran, quien cuenta como una noche en su casa el Silencio la invadió cambiando su punto de vista para siempre: Enamorada del Silencio. Que hermoso.

Gracias, Silencio