CARTA A LA NATURA

Querida Naturaleza

Desde muy pequeña, que recuerdo la fascinación que sentía ante la observación discreta de una flor, o planta. Recuerdo esa mirada infantil absolutamente atenta al proceso por el cual, mi padre, intentaba hacer caer los frutos de un árbol. Creo humildemente poder reconocer ahora, que esa sensibilidad temprana ya me conducía adonde finalmente, llegué. 

Toda mi vida que he ido a visitarte. De adolescente, prefería una acampada libre en cualquier montaña perdida que visitar discotecas o pasear por la ciudad. De más adulta, escalar paredes o descender barrancos, me llevaron a conocer algunas de tus entrañas, y sorprenderme en silencio de lo que allí encontraba. Pero durante todos esos años, todavía no entendía el mensaje de tu Esencia. Te visitaba disfrutándote, saqueándote, aprovechándome de tus ofrecimientos, mirándote como algo externo a mí. Sin hacerte partícipe de mi visita. Sin VER, verdaderamente, más allá de esa relajación que tus sonidos o colores despiertan. Hasta ese momento, en realidad, no te conocía.

Mas tarde ya, el milagro se produjo. Unir mi fascinación por aquello que intuía pero no sabía que se escondía en ti, con mi creciente y comprometida evolución espiritual, ha sido uno de los regalos más importantes y hermosos que la vida me ha brindado. Hace ya unos 8 años, comencé a impartir los primeros “Talleres del Ahora”, les llamábamos entonces, en la Naturaleza. 

Desde ese momento hasta ahora, nuestra relación no ha dejado de evolucionar. Difícil encontrar palabras para describirlo.

Sólo sé que nos entendemos. Que cuando un grupo de personas confía en mi intermediación para aprender de tí, tu me guías con una facilidad pasmosa. Que sé leer a través de tus códigos, que aparecen mediante una ráfaga de viento que crea un concierto de sonidos entre las hojas, un rayo de sol que se dibuja entre matojos, un bosque de árboles centenarios que se presenta en nuestro camino, o un grupito de flores danzarinas que aparecen en una ladera. Cada una de esas escenas, si se saben leer correctamente, nos reflejan el movimiento más importante, esencial y curativo de este mundo: el Amor. 

Siento que juntas, tu y yo, Naturaleza, hemos creado una preciosa propuesta para las personas. Valiosa, profundamente sanadora. Siento y sé, con absoluta claridad, que lo que ofrecemos, no tiene que ver conmigo. Eres tu la que nos enseñas, eres tu la que nos guías, y eres tu quien ofreces los talleres. Lástima que no sepamos como hacer llegar mejor tu propuesta a las personas. Seguimos siendo humanos! 

Y es que nuestra relación, también ha pasado sus dificultades. Mi ego humano, siempre presente, ha teñido a menudo esta propuesta con sus objetivos y pretensiones absurdas. Y sigue haciéndolo. Él, tu ya sabes, todo lo intenta llevar a su terreno.

Decir GRACIAS queda tan cortito aquí…como expresar con una palabra la grandeza de la experiencia que me has brindado! Imposible, se me antoja! 

Gracias y gracias y gracias también y en especial, a todas las personas que al igual que yo, aman esta propuesta compartida de evolución personal con la Naturaleza. Todos estos años, ese grupo de fieles que siempre me han seguido, animado, y hasta empujado, a seguir adelante con ésto. Sin ellos y su motivación por seguir creciendo, no estaríamos aquí. 

Y lo más bonito de todo es pensar, y con suerte sentir, que TODOS SOMOS UNO. Esas personas, la Naturaleza, y yo, todos por igual. No hay nada comparable a experimentar ésto. Y por ello al nombrar ésto y aquí, sólo me queda retirarme en silencio, tal como nosotros caminamos ante tus parajes. 

🙂