LA LIBERTAD DE FRACASAR

Hace un tiempo escribí un post sobre el éxito, bajo esa mirada “más allá” que me motiva y divierte investigar. No quedaba el relato completo, obviamente, sin mirarme de fondo a su compañero de camino: El Fracaso.

Es curioso a la par que divertido comprobar que, en el mundillo que nos hemos organizado, siempre nos parece mejor experimentar uno de los polos que otro, sin parar en la cuenta de que en el mundo dual, no es posible vivir sólo uno de los dos polos, si no que cada uno en sí mismo incluye a su contrario.

Por ejemplo, no es posible experimentar sólo y siempre calor, porqué el calor, en sí mismo y como tal, incluye a su contrario. Si sólo existiera el calor, no existiría una palabra que describiera al frío. Y ambos, calor y frío, se encuentran en un mismo meridiano, en una misma frecuencia.

Otro ejemplo (siguiendo en la descripción del mundo dual) sería a lo que llamamos amor (que no es el Amor Verdadero, que no tiene contrario, pero que es lo que en la mayoría de casos experimentamos). No es posible experimentar sólo amor, sin moverte por ese meridiano en el que su contrario es el odio. Todos conocemos ese trayecto de un extremo a otro del meridiano. Y por meridiano entendemos esa línea en la que a un extremo hay una cosa y en el otro extremo hay su contraria, pero dentro de una misma frecuencia.

Éxito y Fracaso también conforman un meridiano, por el que nos cuesta mucho navegar. Ya comentaba la cantidad de recursos que como sociedad ponemos en vendernos y creernos que en el éxito se esconde la felicidad. No lo creo. En absoluto. Mi experiencia me ha llevado a conocer que en el pararte delante del Fracaso, en el atreverte a quedarte ahí un rato, en el seguir mirándolo con la intención de conocerlo y de vivirlo, se esconde un gran tesoro. Se esconde todo aquello de lo que huyes, disfrazado de persecución del éxito. Y la paradoja es, que cuando dejas de huir y te atreves a mirar, lo que encuentras es un Consuelo y una Paz, que ésas sí, no son de este mundo dual.

Tras el fracaso podemos descubrir todos esos mecanismos tan y tan desgastantes que nos llevan a perseguir algo que ni siquiera somos libres de saber si es lo que queremos.  Tras el fracaso, encontramos dolor, sí. Dolor, que suele ser bien antiguo, si. Dolor del que pretendemos e intentamos alejarnos continuamente, sin percatarnos que no es posible huir de lo que está ya dentro de ti. El fracaso esconde gran parte del conocimiento sobre ti mismo que necesitas, para comprenderte y seguir tu camino más libremente.

Que viva la experiencia del fracaso. Que viva y se expanda la valentía a mirar eso “tan mal visto”, nunca mejor dicho y literalmente. No vemos el fracaso como lo que es. Sólo vemos lo que entre todos nos vamos vendiendo y nos vamos creyendo sin ponerlo en duda. No vemos que tras el fracaso se encuentra una puerta hacia quien eres tú en realidad. Hacia ese lugar no dual, hacia ese lugar que es, sin duda alguna, el que todos andamos buscando.

Gracias