PÁNICO

Lo leo en la portada de algunos de los principales periódicos de nuestro país, en letras bien grandes y en negrita: LUNES DE PÁNICO.
Sabiendo a lo que me expongo, me sumerjo en las noticias que apoyan semejante titular: hay pánico en los mercados, en la economía,  en el gobierno, pánico también en las familias con problemas para sustentarse económicamente… Al cabo de unos días, me cruzo con unos trabajadores de la obra, que vuelven de comer. Escucho, de soslayo, en el viento que acompaña su paso: “es que da miedo, tío, al final vamos a tener que emigrar para encontrar trabajo…” 

Me paro, presto atención a lo que me ocurre dentro en ese momento. Sé que el aprendizaje está ahí y la mejor opción, con lo que está cayendo, es ésta. En efecto, si, si, siento la energía del miedo en mi interior. Es reconocible, todos convivimos con ella, nos acompaña en nuestra vida. Puede coger forma de contracción, de ahogo, de inquietud. Si no te paras a percibir la sensación en el cuerpo, pasa rápido a coger forma de pensamiento. De pensamiento de temor, claro está. Ideas embebidas de la energía que tales mensajes crean en mi interior…ideas con posibles escenarios futuros con problemas. Con lo que ya sé, me digo. Que ilusa, me digo también.

Lo que estamos viviendo, lo que nos rodea en estos momentos, no son sólo noticias, letras, titulares o palabras. Bien sabemos ya, el efecto que las palabras tienen en nuestro cerebro, demostrado queda por los científicos. No sólo son palabras, si no que son, en esencia, energía. De esa vibración es de la que estamos rodeados. En días como hoy, 11 de septiembre, esa energía todavía se alimenta más, sobra decir porqué.

Todos estamos “contagiados” de esa vibración. Aunque tu situación de vida no contenga problemas graves, si te paras, podrás sentir como una desazón, una incomodidad de fondo. Quizás como sensación de agobio, de no querer parar, de no estar tranquilo en tu casa, o solo o sola. De tener que estar moviéndote o sin parar de hacer. Todo ello son síntomas de lo que nos está ocurriendo. No es nada personal, se trata de una situación colectiva. Y no podemos escapar. Puedes posponer, despistarte un rato, pero si te paras, verás que ahí está. Fuera y dentro de ti.
Aunque sí hay algo que podemos hacer. Intenso, quizás difícil, pero si podemos hacer. Siempre hablo de lo mismo, no hay nada nuevo. Atrévete a pararte en tu interior, a percibir ese miedo colectivo. Recuerda que no es en sí peligroso, es solamente energía que, temporalmente, adquiere esta forma. Quédate ahí en contacto con las sensaciones físicas, creando así un espacio que es posible deje de alimentar a las ideas contenidas de problemas futuros.
Cada vez estoy más convencida que es la única opción que tenemos. Ocuparnos cada uno de nuestro propio territorio físico/energético, para dejar de alimentar ese mismo tipo de energía (de pánico) y proponer así una vibración diferente, y por tanto y quizás, un espacio de transformación.

No es nada personal, es algo colectivo. Y a su vez, jugando un poco con las palabras y sus limitaciones, sólo podemos hacer algo desde lo personal. 
Un abrazo con pánico consciente 🙂